Cuando Peter Thiel pagó los $3.000 de inscripción en el club Torre Blanca de Almagro y se sentó a jugar al ajedrez el sábado pasado por la mañana, la imagen fue tan pintoresca que casi todos los medios lo cubrieron como una rareza turística. Un multimillonario de Silicon Valley entre jubilados y pibes de barrio, posando con la medalla del tercer puesto. Pero Thiel lleva más de un mes instalado en Buenos Aires, compró una mansión de US$12 millones en Palermo Chico, inscribió a sus hijos en un colegio porteño y está en la construcción de una agenda de influencia que busca ampliar en la Argentina sus negocios en IA y su plataforma Palantir para el cruce de bases datos ciudadanos para la videovigilancia, la seguridad y la defensa del poder estatal.
Thiel no desembarca en solitario en el país, sino que tiene un grupo de “embajadores” y anfitriones que le permiten hacer pie aquí y le abren puertas del poder, incluso el de la Casa Rosada. Para entender la agenda de intereses de Thiel, vale con ver las distintas fichas de figuras locales en su tablero de ajedrez.
El introductor: Alec Oxenford
Alec Oxenford, cofundador de OLX y hoy embajador argentino en Washington, fue el nexo original. En mayo de 2024 llevó a Thiel a la Casa Rosada por primera vez y publicó en sus redes que el magnate creía que las ideas de Milei eran “relevantes a nivel global”. Esa visita fue el primer contacto institucional entre Thiel y el Gobierno. Hubo luego dos más.
Oxenford no es un diplomático de carrera: es un emprendedor tech devenido embajador, que organiza la Argentina Week en Nueva York para atraer inversores y opera como traductor entre el mundo de Silicon Valley y la Casa Rosada. Fue él quien construyó el puente. Los que vinieron después lo cruzaron.
El anfitrión: Federico Sturzenegger
Una de las reuniones más significativas de Thiel en Buenos Aires no fue en Casa Rosada, sino en el domicilio particular de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado. Una cena privada, sin protocolo, con el canciller Pablo Quirno, el economista y exvicepresidente del Banco Central y del Banco Nación Lucas Llach, según reconstruyó Infobae.
Sturzenegger es un funcionario que encarna lo que Thiel viene a buscar: un Estado que se desmonta a sí mismo. “El país ya no funciona como en tiempos de Roca. Mejor que vengan millonarios e inviertan”, comentó a elDiarioAR un funcionario ligado al ministro y que está muy activo en aplicar políticas desregulatorias.
tierra.
Elsztain invitó a Thiel a disertar ante los más ricos de la Argentina en el Foro Llao Llao el 1 de mayo pasado pero el magnate se ausentó porque estuvo en Brasil. Sin embargo, Thiel habría estado en el lujoso hotel de Bariloche semanas antes. Además de Brasil también viajó a Paraguay y Chile.
Para entender por qué esos sectores importan, hay que mirar los análisis del ingeniero Ariel Garbarz, especialista en IA y docente de la UTN, la UBA, la UNLA y el MIT, en sus redes sociales. Garbarz construyó un análisis técnico-político que arranca desde la Teoría de la Información de Shannon y termina en una conclusión política taxativa: “Palantir no necesita ponerse la banda presidencial. Le alcanza con controlar el tablero.” Sus láminas muestran, con datos duros, qué significa en términos concretos el proyecto de data center de 500 MW que Palantir tiene en carpeta para Argentina. Un complejo así, operando 24/7, consumiría 4.380 GWh por año: equivalente al consumo anual de 500.000 hogares y al 21,9% de la generación media anual de Yacyretá. “No es tecnología limpia”, escribe Garbarz. “Es una ciudad eléctrica privada chupando energía pública.”
Por su lado, Valeria Di Croce, autora de “El arca de Milei”, lo explica en términos estructurales: “Todas las empresas del capitalismo de plataforma que hacen uso de algoritmo no funcionan sin una infraestructura: es una pirámide que en su base requiere mucha energía, después los semiconductores, después los centros de datos, después el desarrollo de IA y recién al final tenés el token. Argentina tiene la energía –la base de la pirámide–, no tiene los chips, pero tiene condiciones climáticas para los data centers. En ese marco es clave Peter Thiel.” Y agrega la dimensión que cierra el mapa de Elsztain: “Los agronegocios y los alimentos tienen que ver con una paranoia de ellos sobre un futuro con guerra nuclear. Argentina les garantiza acceso a alimentos de calidad.”
“Pensar que le vamos a entregar la Patagonia o cosas así es de teorías conspirativas”, rechazó un alto funcionario consultado por elDiarioAR.
La empresa: Palantir
Pero detrás de todos los hombres está la empresa. Y la compañía no es un actor pasivo en este cuadro. Palantir opera en dos plataformas principales: Gotham, orientada a inteligencia y defensa; y Foundry, orientada a gobiernos y corporaciones. La lógica de Palantir no es vender un producto: es “enchufarse al sistema nervioso del Estado”, advierte Garbarz.
Si integra bases de identidad, migraciones, economía, salud, educación, justicia, seguridad, comunicaciones y geolocalización –todas disponibles en el Estado argentino–, el resultado no es una base de datos más grande. Es otra cosa: una máquina que predice escenarios, detecta riesgos, perfila personas, segmenta poblaciones y recomienda acciones. “El dato aislado informa”, resume Garbarz. “El dato integrado gobierna.”
Por su lado, Amnistía Internacional aseguró en un documento reciente que organismos defensores de derechos humanos también alertan que la tecnología de Palantir “podría utilizarse para la vigilancia masiva de ciudadanos, el análisis de datos sensibles y la persecución de la disidencia”. Incluso podrían interferir en las elecciones: “Las tecnologías de vigilancia no son neutrales”.
Los nuevos elementos: el “Gemelo Digital Social” y más
Justo este viernes el Gobierno lanzó un programa de IA de Capital Humano llamado “Gemelo Digital Social”. “El futuro empieza hoy, el primer Gemelo Digital Social para simular escenarios, anticipar impactos, optimizar decisiones en tiempo real. Políticas basadas en evidencia, múltiples fuentes, única base de datos”, ofrece el video que posteó Milei.
El embajador de Estados Unidos en Argentina, Peter Lamelas, dijo el 13 de mayo que el país “tiene una oportunidad histórica para convertirse en una potencia energética” y las empresas norteamericanas ayudarán a “fortalecer la seguridad energética”. Dos meses antes, la embajada había publicado un documento sobre cooperación en energía nuclear. Y el ministro de Defensa, Carlos Presti, publicó esta semana un texto en La Derecha Diario donde plantea cómo proteger la infraestructura crítica de Vaca Muerta, cómo garantizar la soberanía en el Atlántico Sur y cómo enfrentar ciberataques: las mismas preguntas que Palantir, Anduril y las empresas tecnomilitares del ecosistema de Thiel dicen poder responder.
En esa línea parece estar el “súper-RIGI” que Milei anticipó y que se esperaba conocer el detalle del proyecto de ley este viernes: un régimen especial para la inversión de empresas de inteligencia artificial, entre otras industrias que aún no están en el país. Manuel Tufró, experto en seguridad del CELS, lo advirtió con precisión: estas tecnologías “se adoptan sin ningún tipo de estudio previo ni discusión política más amplia sobre si son necesarias y para qué se van a usar”.
El tablero de Thiel tiene muchas fichas. Las piezas se mueven entre la energía, los datos y la inteligencia. El rey está en Casa Rosada. La reina, en Palantir. Y todos los peones —funcionarios, empresarios, asesores, embajadores— parecen moverse en una sola dirección: la que marca el mismo hombre que el sábado pasado se sacó una foto con la medalla del tercer puesto en un club de barrio de Almagro.




